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Grupo Mono Blanco.- Testimonios.- Un artículo de Andrés Salom.
Los "Mono Blanco" y la
Autenticidad de su son jarocho
Ante
una manifestación folclórica músico-vocal en que la
desvirtuación todavía no haya hecho estragos, lo primero que se
percibe es su autenticidad; muy especialmente por capacidad de
improvisación dentro de unos esquemas musicales básicos o
estructura tonal preestablecida. Y eso es precisamente lo que
han percibido desde el primer instante -autenticidad- quienes
han asistido, los pasados días a las actuaciones de "Mono
Blanco": cuatro concertistas de son jarocho procedentes del sur
del estado de Veracruz (México), cuya sobriedad dentro de un
extremado buen gusto da a sus interpretaciones alto valor
poético de aire comúnmente elegíaco, pero sin que falten tampoco
en ellas ciertas pinceladas de lo jocoso.
Consituyen todo su bagaje instrumental, un arpa, varios
instrumentos de cuerda tipo guitarra -o vihuela-, una guitarra
propiamente dicha, una especie de pandereta y ¡una quijada de
caballo!, y no precisamente de materia plástica; sino de
hueso-hueso.
Los "Mono Blanco" improvisan sus letras en controversias muy
parecidas a las de nuestros troveros y también, como ellos,
improvisan décimas. Pero lo más curioso del son jarocho son sus
muchas coincidencias con el flamenco, de forma muy especial con
el grupo de cantes que llamamos de ida y vuelta -vidalitas,
colombianas, milongas, cantes de Piyayo y otros-. Uno de dichos
sones me recuerda, tanto por sus entonaciones casi idénticas
como por la estructura de sus estrofas cantadas, una guajira de
Pericón de Cádiz: "¿cómo quiere que le abra/ la puerta de mi
bohío,/ si está adentro mi mulata,/ dueña del corazón mío?".
Y en el [son] jarocho, además, se jalea, se palmea y, sobre
todo, se taconea.
Nos decía Gilberto Gutiérrez, el director del grupo, días antes
de sus actuaciones, que el [son] jarocho, aunque de raíz quizás
precolombiana, es una música afrocaribeña hispánica; y música
afrocubana flamenca escribí yo, hace ya cerca de veinte años,
que son los cantes de ida y vuelta juntamente con la siguiriya
del Silverio.
Lo que tienen los del grupo "Mono Blanco" de más extraordinario
es que, a pecho descubierto, o sea, sin alardes de electrónica
multiplicadora ni luminarias ni gritos desaforados, han sido
capaces de mantener, durante cerca de dos horas, a la
concurrencia con el alma en un hilo en todos los sitios en que
han actuado: Murcia, Cartagena, Blanca... Y esto quizá sea lo
mejor que de ellos pueda decirse en unos tiempos en que tanto
abundan las toneladas de decibelios ante el total
desentendimiento por parte de públicos multitudinarios.
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